Aturdida, levantó los ojos hasta encontrarse de nuevo en la realidad, en la serenidad reconfortante de su mirada. Nunca su esposo había dejado de mirarla asombrado por los hallazgos que día tras día en ella redescubría. Chispeantes reflejos celestes de la mediterránea, que la cobijaban con ternura y la calmaban. Todo parecía más sencillo. Ley de vida, que se diría. Lo complejo se deshacía como hielo bajo el sol. Y su embriaguez desconcertante se apaciguó. Los instantes convulsos se desvanecieron. “¿Sabes, amor?”, dejó salir con un suspiro. “Creo que lo hemos hecho bien. Creo que lo seguiremos haciendo bien.” Se inclinó hacia él y le beso suavemente. “Enseñarle a volar en todas direcciones para que luego vuele ella por donde desee.” Entonces se alargó para alcanzar una libreta y un bolígrafo que había en la mesa y con un gesto dulce acompañó el brazo de su marido hacia ella para que se sentara más cerca. Sin mediar palabra, su marido atento y expectante, empezó a escribir ella con lentitud e indecisión. Pronto sus dedos se animaron y empezaron a trazar rápidos espasmos de tinta sobre el blanco impoluto.
“Querida Elia, hace poco más de una hora que has empezado tu trepidante aventura y ya te echamos de menos. Pero estamos muy orgullosos de ti. ¡Qué exploradora más valiente tenemos en la familia! Tu padre y yo ya estamos impacientes por recibir tu primera carta. Seguro que te lo pasarás genial en las colonias, conocerás a muchos niños y harás cosas maravillosas. ¡No te olvides de contárnoslo todo! ¿Cómo ha ido el viaje? ¿Cómo es el sitio? ¿Cómo es Francia?” Despegó sus ojos del papel y el bolígrafo se quedó en el aire, suspendido a pocos milímetros de su último trazo. Se giró levemente para observar de reojo a su marido. En efecto, no se equivocaba, leía ansioso las frases que ella iba enlazando, con una mirada ilusionada y llena de complicidad. Él se percató de ello y le devolvió la mirada risueño. “Me parece fenomenal, cariño, la animaremos a descubrir sus rutas de vuelo y la asistiremos en sus despegues y aterrizajes.” Se echaron a reír y, por unos momentos, unos largos instantes, sólo fueron hombre y mujer en el vacío del hogar.















A todas las madres y padres que asisten a sus hijos en sus primeros vuelos ;)
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